Carol de la Paz, Karate-ka

Carol de la Paz

“Siento que he abierto un camino para las generaciones que vendrán “

Hoy sigue compitiendo con una fuerza de voluntad imbatible y sueña con que desde La Araucanía salgan nuevas campeonas.

Campeona Nacional desde 2008, nacida y criada en Temuco, Carol de La Paz, pasa la mayor parte del año -y de su vida- viajando entre competencias y entrenadores de distintos países. 

“Llegué al karate, una disciplina antiquísima practicada por los samurái, porque desde niña me gustaban las artes marciales por un tío que practicaba kung-fu”, recuerda, “Aunque nunca practiqué kung-fu como tal, él me despertó esa curiosidad por las artes marciales”.

Cuando tuvo la oportunidad, se inscribió en unas clases recreativas que mezclaban varias artes marciales hasta que se decidió por el karate. “Dentro del karate hay varios estilos, yo practico el Shitō-ryū, pero también me he graduado en otros estilos, lo que me permite una mayor visión y amplitud técnica”, explica.

Le costó muchos años llegar hasta su primer gran logro, ser campeona nacional en 2008, título que conserva hasta la actualidad (por 12 años consecutivos).

“Yo empecé con esto en la secundaria y en la universidad ya estaba entrenando duro y compitiendo. Eso marcó una diferencia porque yo empecé a competir en seguida, no pasé un largo tiempo de preparación sin competir”, agrega.

Salir de Temuco

Vivir en Temuco se le hacía muy difícil porque tenía que viajar a Santiago constantemente. “Primero ganamos un campeonato nacional (2001) en kata por equipos y luego también un sudamericano, y ahí se ya se requería más preparación, todos los días”, es por eso que el 2005 se fue a Santiago, con sus entrenamientos, su carrera universitaria y su trabajo. 

“Establecerme en Santiago me permitió acceder al Centro de Alto Rendimiento (CAR), donde ya empecé a trabajar de una manera muy profesional, lo que me llevó a ganar mi primer campeonato nacional de kata individual adulto el 2008, título que he ganado 11 veces y que conservo hasta la actualidad”, explica.

Autogestión

Desde ahí comenzaron los campeonatos fuera de Chile, con recursos gestionados por ella misma, con apoyo de privados, del municipio. “Nunca he sido una deportista que ha esperado sentada que le lleguen los recursos, siempre he buscado por cielo, mar y tierra; por lo que he comprobado que el que busca, encuentra. Mi papá falleció en octubre de 2018 y él siempre fue como un salvavidas, a pesar de que yo no le pedí que me financiara la carrera de karate, porque mi familia no quería que me dedicara a esto”. 

Alto rendimiento 

Para ser un deportista de alto rendimiento se requiere aislarse un poco del resto de la sociedad. “Por las competencias o entrenamientos no vamos a fiestas, cumpleaños, nos perdemos eventos familiares porque no estamos en esa frecuencia, nuestra frecuencia es otra. Creo que hace unos 18 años que no paso un 18 de septiembre en Chile. Los desafíos, los objetivos son muy diferentes. Yo aprendí que si no abordaba esto de manera profesional no iba a llegar a ninguna parte. Era todo o nada”.

Normalmente entrena en doble jornada de lunes a sábado y descansa el domingo: “Entreno lo físico (2 a 3 horas) en la mañana, lo técnico (3 a 4 horas) en la tarde y un plan especial para prevención de lesiones (una hora)”.

“Mi carrera en el karate ha sido difícil, pero al mismo tiempo me ha dado muchas alegrías”, reconoce, “viajar por el mundo, enriquecerme con otras culturas, conocer personas, tener amigos en el karate que son para toda la vida: otros competidores, entrenadores y árbitros, es la misma gente con la que siempre nos estamos moviendo y compartiendo experiencias”.

Maestro japonés 

Desde 2008 tuvo un maestro japonés (Yoshimi Inoue) que falleció en mayo de 2015 y para mantener ese nivel se quedó entrenando en Turquía, porque desde Chile no lo hubiera podido hacer. 

“Gracias a mi maestro japonés el 2012 estuve entre los Top 10 del mundo, en el campeonato mundial de París, algo que en mi categoría nadie de Chile ha logrado nunca”.

La experiencia con el maestro japonés fue muy especial. Llegó a él a través del campeón mundial venezolano Antonio Díaz, quien se lo presentó. “El maestro Inoue jamás preguntó si yo era campeona o cuántas medallas tenía, lo único que preguntó fue si yo era buena persona. Llegué a Totori en Japón, le conté mi historia y él dijo que me iba a ayudar. Su legado es muy amplio y en un futuro no muy lejano espero compartirlo. Ya lo he compartido en seminarios a través del mundo, pero más adelante espero hacerlo como coach de karatekas juveniles: quiero ser la mejor entrenadora de kata del mundo para formar a los nuevos campeones”.

Más apoyo

Actualmente, Carol sigue entrenando con maestros japoneses, en Okinawa, y con varios maestros donde vive en Turquía. Además, ahora cuenta con respaldo de la Ministra del Deporte, quien dijo “te quiero ver en Tokio”, un apoyo que le permite entrenar en esta etapa con más tranquilidad, aunque aún requiere apoyo monetario importante que debe ir consiguiendo cada vez que va a competir.

Un consejo para los niños y jóvenes: “Lo más importante para quienes quieran dedicarse al deporte es que lo disfruten. Si van a dedicar tanto tiempo, tanto esfuerzo para conseguir grandes logros, tienen que hacer algo que disfruten. Cuando yo compito o cuando entreno es como electricidad, hay una conexión muy grande con el deporte, y así se puede alcanzar todo lo que uno quiera y no hay nada imposible”.