“Las mujeres podemos ser madres, esposas y también destacar en el mundo del arte”

Gabriela Vivar Miranda, Muralista

La artista destaca por su aporte a la sociedad, realizando numerosos talleres en comunas pequeñas donde transmite su pasión por las formas y los colores. Tanto, que uno de sus sueños consiste en implementar una escuela de arte itinerante para La Araucanía.

En el mundo del arte siempre han existido muchas individualidades, donde a cada artista se le recuerda por su nombre, su estilo y algunas obras puntuales. Pero este no es el caso de Gabriela Vivar Miranda, originaria de Chiloé, quien prefiere compartir sus conocimientos cada vez que puede, e incluso regalar sus obras en lugares donde no tienen dinero para comprarlas.

“Siempre me gustó el arte, porque viví rodeada de una familia de artistas. Mi papá, aparte de ser contador, toda su vida es la música. Incluso, ellos tenían un grupo muy conocido en esos tiempos, que era muy parecido a los Beatles, grabaron discos y eran muy conocidos, los llamaban de todos lados”, recuerda la artista.

Por su parte, su madre es pintora, tejedora, bordadora, y toda la familia por la parte Vivar, son todos artistas y músicos. “Tengo una prima que ha recorrido el mundo con el violín”, señala.

Sobre su disciplina, el mosaico, señala que le gusta mucho más que la pintura: “Es un poco difícil, porque es un tipo de azulejo, que lo vas cortando y vas formando una composición, a diferencia de la pintura, que es mucho más fácil, no te ensucias tanto. Y ahora se está llevando bastante, porque tiene una durabilidad eterna, tendrías que destruir un mural para que desaparezca. No así la pintura, que con los años se va desgastando”.

Arte milenario y terapéutico

El mosaico es un arte milenario. En México se encontraron tumbas precolombinas con las caras de los difuntos cubiertas con cerámicas, nácar y piedras preciosas. En Italia, que es de donde viene en realidad, se han encontrado mosaicos con más de 2.000 años de antigüedad, lo mismo que en Mesopotamia y Creta del mundo antiguo.

Gabriela también realiza trabajos a pedido y recalca la complejidad al realizar este tipo de obras. “Demoré un mes en completar un rostro de Nicanor Parra, trabajando como promedio ocho horas diarias. Por ejemplo, en hacer un ojo demoré un día, para que entiendan la magnitud que implica este trabajo”, indica la artista.

“Cuando uno trabaja en murales gigantes, uno tiene otra metodología, se trabaja sobre una malla, y después eso se lleva directo al muro. La otra forma, es que si tienes tiempo, puedes ir pegando directamente a la muralla”, explica, agregando que “El mosaico tiene algo especial. Además de ser un arte milenario, es terapéutico para las personas”.

En este sentido, destaca el trabajo que ha realizado con las personas en proyectos de recuperación de barrios, rescatando su territorio y su identidad. “Para hacer eso, se hace un seguimiento, vas hablando con la gente, para que ellos se hagan parte del proceso del mural, y a la vez se apropien de los espacios públicos, y se apropien del mural. Entonces, esto tiene una parte muy bonita, y es que es muy terapéutico para ellas, y para ellos. Tú comienzas a hacer esto, y ellas se empiezan a abrir, te hablan, se olvidan de su vida diaria, porque muchas veces cuando uno va a estos lugares, la gente no lo pasa bien, entonces esto les sirve a ellas. Hay gente que me ha tocado, que no creían en ellas, porque la autoestima la tenían tan baja, que no creían que era posible que hicieran algo así”.

Naturaleza inspiradora

Sobre su inspiración, Gabriela señala que le gusta mucho salir a la naturaleza. “Esa es mi inspiración. Ver las formas, sentir el canto de los pájaros, quizás a algunas personas no les interesa, pero a mí esas cosas me llaman mucho la atención, y en eso me baso para darle forma a mi trabajo también”, explica, “Me voy relacionando con esas temáticas, y las llevo al papel, a un boceto, a un dibujo, o al mosaico. Y las vidas de las personas, los relatos de la gente, todo eso influye”. 

En este punto destaca su relación con la cultura mapuche en la región. Hace un tiempo tuvo un encuentro con Lorenzo Ayllapan Cayuleo, artista conocido como üñümche, “hombre pájaro”, por sus obras onomatopéyicas, el que calificó casi como “místico”.

“La cultura mapuche para mí es muy importante, es inspiradora, ellos han estado siempre en una lucha constante. Ellos cuidan mucho su cultura, su tierra, no explotan nada, lo cuidan todo. Están completamente conectados con la tierra, con la sabiduría, los respeto mucho, me gusta mucho su cultura. Aparte, es lo único que tenemos”, indica la artista, “no podemos permitir que lo que pasó con los Kawésqar, con los Selk’nam, ocurra aquí. Debemos proteger lo que nos va quedando, la cultura mapuche, por lo menos aquí en nuestra región”.

“El último trabajo que hice fue en Imperial, rescatamos el patrimonio inmaterial”, recuerda, “Presenté siete propuestas de taller, y rescatamos los oficios, por ejemplo de la mujer mapuche, con su telar, la mujer alfarera, la mujer con la cestería, el hombre que extrae camarón, todo esto como mosaico, en un formato pequeño, como cuadro, y los tienen ellas en sus casas. Se hizo un trabajo bien bonito, y trabajé todo el año con ellas, eran 16 mujeres. También rescatamos los tejidos mapuche, a los que les pusimos mosaicos, eran como telares, pero hechos de mosaicos”.

Arte en pandemia

“Yo he visto que la gente en la pandemia se ha acercado más al arte, y más también a lo simple de la vida, a la naturaleza, hay cosas que antes no veían y que ahora aprecian más”, observa Gabriela, “Yo creo que mucha gente ha cambiado, se ha dado cuenta de que hay muchas cosas lindas afuera, y no tantas cosas lindas en un mall, por ejemplo. Hoy en día no iría a meterme a un mall, preferiría ir a un parque”.

“Gracias a Dios hemos estado tranquilos en casa, para mí, para mi familia lo más importante es que estemos bien nosotros, antes de lo material”, señala refiriéndose a este tiempo de pandemia, “Lo hemos pasado bien, hemos estado en creación constante, me llegaron algunos pedidos de cuadros, así es que he estado bien entretenida. Estoy estudiando también, me gané un taller de formación para muralistas, que lo hace una licenciada en artes de Bolivia, con la embajada de España en Bolivia”.

Deuda con el arte

Sobre la situación del arte y de los artistas en el país, Gabriela Vivar es enfática al señalar que faltan derechos para cuidarlos: “Por ejemplo, tener una jubilación, porque como artista uno no impone nada, entonces, falta que tomen un poco más en serio a los artistas, porque tienen que considerarlo como un trabajo. La vida sería tan fome sin arte, sin colores. Todo es arte, la fotografía, la publicidad, la música, imagínense si lleváramos una vida totalmente cuantitativa, todo matemático”.

La artista también plantea su diagnóstico sobre el tema. “Yo creo que estamos inmersos en un mundo completamente materialista. A la gente sólo le interesa tener, ser yo, no ven más afuera de sus fronteras, y afuera hay cosas más bonitas”.

“El arte debería protegerse, deberían existir leyes para, por ejemplo, cuando uno hace un mural en un espacio público, eso debería cuidarse. Deberían existir leyes para que sea patrimonio de la ciudad, porque tú estás haciendo algo que identifica a la ciudad”, agrega Gabriela, “Es necesario que tomen más en cuenta el arte, porque sin arte, la vida sería totalmente aburrida. Durante esta pandemia veía a toda la gente en redes sociales, unos pintando, otros haciendo música, creando títeres, entonces, el arte es realmente importante para las personas, y es fundamental para la formación de un ser humano desde pequeño”.

Arte social

“Cuando comenzó la pandemia pensé en regalar talleres de mosaico, porque vi gente pasándolo muy mal, así es que publiqué que regalaría talleres, pedí que me contaran su historia, y bueno, vi casos bien fuertes”, relata, “En todo este tiempo, no vi a nadie que regalara nada, y yo regalé mi tiempo. He visto gente que se abre más en este tiempo, comparten más cosas”.

La artista también ha trabajado mucho con la tercera edad y los destaca por ser responsable y serios: “Me tocó trabajar en El Alto, en Nueva Imperial, y la mayoría era de la tercera edad. Gente muy cariñosa, muy comprometida con lo que estábamos haciendo, que era recuperar su barrio. Recuperamos las plazas, a las bancas les colocamos pajaritos. Algunas tenían problemas en sus manos, pero lo hacían igual, porque les encantó hacerlo”.

También ha participado en actividades internacionales. “Postulamos con un grupo que se llama Ankatu, con dos amigos de Córdoba. Postulamos a un bienal de arte en Colombia, y quedamos. Dejamos un mural allá, de 8 metros de largo x 1,50 y rescatamos lo que son las aves caleñas, y fue una tremenda experiencia. Conocer culturas, conocer gente, nos metimos a la selva incluso. Ese año fue bien viajado, después fuimos a Perú, luego a Argentina, a Bolivia, Brasil, todo esto en el año 2018”.

Rol de la mujer

“Estamos en un mundo bien machista y siempre a la mujer se le deja de lado”, demanda Gabriela, “Existimos, mujeres muralistas, que aportamos a la sociedad, porque muchas veces no nos toman en cuenta. También podemos hacer cosas bonitas, hay muchas mujeres artistas, y a la mujer no se le da tanto valor. Somos mal pagadas, te dicen que la mujer va a la cocina y no es así. Aparte, las mujeres tenemos que hacerlas todas, somos madres, esposas, hijas, y además hacer lo que nos gusta, que es el arte”.

Entre sus planes a futuro destaca seguir trabajando en lo que hace, seguir entregando conocimientos a la gente, a las comunidades, a los territorios. “Quiero enseñar a otra gente, a los jóvenes, quizás abrir una escuela de arte, pero acercándose a la gente que lo necesita. Quiero llevar mis conocimientos a la gente, quizás con una escuela itinerante, moverla por distintos lugares de La Araucanía y ayudar a rescatar nuestra cultura, nuestro patrimonio”.