María Carolina Soto, Iggiloom Telares:

“Se puede vivir del telar y es una gran manera de apoyarnos entre emprendedoras”

Tejidos con diseños únicos, venta de lana natural y talleres online, son algunas de las actividades que esta emprendedora ha desarrollado desde su taller en medio del bosque valdiviano, y que ha ido en alza gracias a las redes sociales, a pesar de la pandemia.

Corría el año 2016 y como parte de su trabajo en el Centro de Estudios Científicos (CECs) de Valdivia, María Carolina Soto Arriagada apoyaba en la redacción y traducción de artículos a un científico de Dinamarca, cuando decidió tomar un curso de telar en el Hotel Villa del Rio, impartido por “Telares Andinos”.

Al principio lo tomó como un hobbie, y al poco tiempo, su telar y algunos trabajos a medias fueron a parar a una bodega. Eso hasta 2020, cuando entre la crianza de su hija menor y el inicio de la pandemia, sintió el llamado de volver al telar.

Primer aniversario

“Éste 17 abril celebro mi primer año como emprendedora, desde que realicé mi primera publicación en Facebook para vender mis productos. Ha sido todo un éxito, en un año he vendido más de 300 tejidos que realizo en 10 tipos de telares y en un plazo aproximado de 15 días. Creo que la principal atracción de los clientes es por el estilo minimalista de los tejidos”, explica.

Posee fotografías de sus productos en Instagram y Facebook, sus datos de contacto, así como anuncios de sus talleres y eventos. “Las redes sociales son un apoyo fundamental para darse a conocer, especialmente en esta época de pandemia”, asegura, explicando que también funcionan las promociones, como par día de la madre, y el apoyo de influencers amigos.

En este sentido, María Carolina cuenta con una amplia red de contactos, gracias a su trabajo como secretaria bilingüe, estudios de comercio exterior, trabajo en la SCD, en Hertz, Philips Morris y en las empresas Angelini, además de los países en que ha vivido.

Nacida en Talca, vivió en Santiago, luego partió a Estados Unidos, Nueva Zelanda, regresó a Santiago, y hace nueve años vive a unos 7 km de Valdivia, en el sector de Santa Elvira, camino antiguo cerca de Valdivia, “es una ventaja vivir fuera de la ciudad”, afirma. Su esposo trabaja para la gerencia de una empresa, y tienes tres hijos, dos hombres de 12 y 9 años, y la pequeña de 3 años.

El nombre de su emprendimiento, “Iggiloom Telares”, proviene de Iggi, por su hija Ignacia; y “loom”, que significa telar en inglés. A pesar del éxito en las ventas, María Carolina ha seguido participando en cursos para aprender nuevas técnicas, aunque sea especializado en el telar María, y también adquirió una máquina de coser para las terminaciones de algunos de sus trabajos.

Taller – Contenedor

La implementación de su taller fue un tremendo desafío. “Mi emprendimiento se inició con la compra de un contenedor gracias al 10% de las AFP, lo vi cuando iba por la carretera y se me ocurrió comprarlo, lo instalé en un bosque cerca de la casa, y allí tengo ahora la tranquilidad para trabajar largas horas. Además de tener calefacción y estar muy bien iluminado, tiene mucho espacio, me permite hacer labores con las lanas que no podría realizar dentro de la casa”, señala.

Pero, así como aprende nuevas técnicas y vende sus productos y lanas, también enseña, realizando talleres de una alumna por sesión considerando la pandemia y hasta el momento en sólo un par de años ha logrado enseñarle a 10 alumnas, tres de las cuales ya están vendiendo sus propios productos.

Todo lo que gana con las ventas y los talleres se reinvierte en la compra de materiales, le compra a la mujeres y agrupaciones de artesanas que producen lana para así lograr un apoyo mutuo con la compra de los insumos.

Su principal proveedora de lana natural es Carmen Adelina Huichamil, quien vive entre Villarrica y Licanray, “Es una tremenda mujer, súper trabajadora, hemos hecho un tremendo equipo. Su familia también está muy feliz, porque no debe salir a trabajar a otras casas como antes, ahora trabaja en su propio hogar, en lo que le gusta, gracias a las personas que adquirimos su lana”, explica.

Agrupación Ainil Domo

María Carolina también comercializa sus productos en Valdivia, en el Emporio Casa Hortensia, y también existe contacto con artesanos locales, especialmente a través de la agrupación de micro emprendedoras Ainil Domo.

“A esta agrupación llegué por las lanas y por los telares, hemos creado una muy buena alianza y trabajamos todas con el mismo fin, hacen una hermosa labor y las socias se apoyan mucho más en esta pandemia ya que a muchas el año pasado les tocó muy duro”, relata Carolina.

“Ainil Domo” significa “Mujeres de la orilla del rio” en lengua mapuche, fue fundada el año 2012 y actualmente cuenta con 37 socias en diferentes técnicas, tejido, fieltro, telares mapuche, María, cuadrado, maya, redondo, tejido a palillo y crochet, entre otros.

“El sentido de la agrupación es el rescate cultural de la lana, desde la esquila al término del proceso, una prenda de vestir o un tejido para el hogar”, agrega.

Previo a la pandemia se participaba en ferias, exposiciones, múltiples talleres, de hilado, teñidos en tintes natural y también artificial, capacitaciones del municipio e instituciones afines, además de charlas y encuentros con otras agrupaciones, siendo ganadoras de muchos proyectos que van en directo beneficio de las asociadas y de la comunidad local.

Telar terapéutico

“Durante esta pandemia el telar ha sido muy terapéutico”, confiesa Carolina, “porque la lana, es una forma de contactarte con la naturaleza, también existe satisfacción en la creación y terminación de un tejido, en los cuales trabajo un promedio de cinco horas al día”.

La tejedora reconoce que la cultura chilena está cambiando y ahora existe clientes jóvenes desde los 20 años de edad, quienes reconocen el trabajo hecho mano. “Además, son los que más que usan las redes sociales y hoy las redes sociales lo son todo, no hay otra vitrina”.

Vivir del telar

Frente a la consulta de si se puede vivir del telar, Carolina es enfática: “Es una realidad que el telar puede dar para vivir. El telar es una alternativa económica real y se puede vivir de esta actividad”, por eso invita a quienes deseen aprender e iniciar sus propios emprendimientos.

“Tengo alumnas que tienen motivación por aprender a tejer, tanto como hobby o como emprendimiento”, explica, “para las personas interesadas en el telar es algo que se puede aprender muy fácil, existen tiendas Online para comprar materiales, cursos en YouTube, cualquier persona puede aprender si tiene ganas, ya no se requiere tener muchos recursos para hacer un curso y comprar materiales, hoy se puede aprender a través de internet y cada uno hacer sus propios telares, incluso si alguien quiere puede hacerse un telar de cartón, y también puede lograr obtener un producto que se pueda vender”.

Entre sus proyectos a corto plazo, Carolina espera seguir apoyando el departamento de la mujer de la Municipalidad de Valdivia, donde cuentan con monitores, capacitación y enseñan el uso de internet, “el objetivo es seguir obteniendo logros entre todas las emprendedoras, mejorar los productos y aumentar las ventas, para que a todas nos vaya bien”.