Profesores José Ignacio Carmona Carvajal y Daniela Farías Aguirre:

Esperamos que de esta pandemia salgamos todos fortalecidos

Han transformado su hogar en una sala de clases y casi en un set de televisión para transmitir sus clases, con disfraces y experimentos científicos incluidos.

“¿Profe me ayuda?”, dice el pequeño Arturo, a través de la pantalla del computador, tratando de insertar un palito en un globo sin que se reviente. Obviamente, la experiencia no es la misma que estar en una sala de clases, pero José Ignacio Carmona Carvajal y Daniela Farías Aguirre, no se quedan atrás en sus esfuerzos por seguir enseñando y motivando a sus alumnos.

A un año del inicio de las cuarentenas, ambos docentes pasan largas horas frente a la cámara de sus computadores, un nuevo desafío para sus vocaciones, donde tanto los profesores como los apoderados y alumnos de encuentran confinados en sus hogares.

José Ignacio lleva 13 años como profesor de ciencias y actualmente hace clases en el Colegio Los Robles, sector Labranza, un establecimiento particular subvencionado que tiene hasta 8° básico, donde la mayor parte de los alumnos son de sectores socialmente vulnerables.

Por su parte, su esposa Daniela, trabaja en el Colegio San Francisco de Asís, en Nueva Imperial, donde los alumnos pueden llegar hasta 4° medio.

Además de la pandemia, por estos días tienen sentimientos encontrados, pues están a punto de trasladarse a su nueva casa en Nueva Imperial, “esta casa, en Labranza, fue nuestra primera casa como familia, por lo que tiene un valor sentimental especial para nosotros”, señala Ignacio.

Trabajo de vocación

“Este es un trabajo de vocación, siempre ha sido así, independiente de la pandemia”, agrega Daniela, “nosotros trabajamos con personas y nuestro objetivo como profesores es que los niños y jóvenes aprendan”. Y a pesar de ser jóvenes, ambos docentes reconocen que los tiempos han cambiado y ya venían cambiando antes de la pandemia.

“En los últimos años los profesores estábamos con mucho trabajo administrativos y algunos de nuestros alumnos pertenecen a la llamada “generación de cristal”, en que son muy exigentes, pero no siempre cumplen con sus responsabilidades”, explican, agregando que, aunque los colegios entregan una educación integral, también existe un rol importante por parte de los padres.

La pandemia

¿Y qué pasó cuando llego la pandemia a Chile? “Pensábamos que iba a durar poco, un par de semanas, no más de un mes”, recuerda Daniela. “Como profesor de ciencias yo había leído sobre pandemias y me asusté mucho por lo que ha ocurrido en otras partes del mundo, creo que todos tuvimos mucho miedo”, agrega Ignacio.

El 12 de marzo los enviaron a la casa y comenzaron la preparación de las clases por video. Daniela, sin experiencia en clases online, comenzó con una anécdota: A su primera clase no llegó ningún alumno porque no envió correctamente el enlace

José Ignacio, a cargo de un 5° básico con todos los alumnos nuevos, tuvo una primera reunión por zoom con apoderados. En las primeras clases participaron 3 alumnos de 33, pues la mayoría de ellos no contaba con elementos para conectarse.

“El colegio hizo una importante gestión, obtuvieron ayuda y en agosto ya estaban conectados 28 de los 33 alumnos”, recuerda Ignacio. “También nos hemos apoyado entre profesores, mediante grupos de WhatsApp y ayudamos también a nuestros colegas mayores, quienes no tenían mucho manejo con la tecnología”, agrega Daniela.

¿Extrañan a sus alumnos? “Claro que los extrañamos, y mucho, también extrañamos vernos en persona con nuestros colegas, con el personal del colegio”, señala Ignacio, “afortunadamente las clases online han funcionado, aunque literalmente, he utilizado pelucas, gafas y narices de payaso para entretener a atraer a los alumnos, mi único objetivo es que se interesen y aprendan, también hemos incluido música rock, como AC DC o bachatas a pedido de ellos mismos”.

Después de la pandemia

“Espero que después de esta pandemia salgamos más fortalecidos, más empáticos, que aprendamos a ponernos en el lugar del otro, a cuidarnos. Espero que este sea un tiempo de aprendizaje”, explica Daniela, mientras que su esposo, Ignacio agrega: “Aquí ha salido lo mejor y lo peor de lo nuestro. Algunos saldrán fortalecidos, otros con enfermedades, otros molestos. Algo que estoy seguro va a mejorar es que la gente se va a dar cuenta de que el dinero no es lo esencial. Ha sido un periodo duro, muy difícil, pero vamos a salir adelante”.

Esta pandemia que ha golpeado tan fuertemente a toda la sociedad requiere ser enfrentada con mucho valor, y los profesores han dado muestra de aquello. Como profesores y personas no esperamos un aplauso, esperamos simplemente ser respetados y que nuestro trabajo sea valorado, porque en nuestro caso lo hacemos con amor y vocación porque estamos ciertos, como decía Aristóteles que “las raíces de la educación son amargas, pero el fruto es dulce”.