Gabriela Vivar, artista visual:

“Esta obra nace desde la inspiración de las salidas que tuve de los ramales de Púa a Lonquimay”, explica Gabriela Vivar Miranda, artista experimentada en mosaicos y murales.

Esta idea se inició como un proyecto que duró alrededor de 3 meses, en los cuales se obtuvieron registros fotográficos de ramales de La Araucanía, donde además de las fotografías, Gabriela iba recogiendo por estos largos caminos objetos como piedras, cuarzos, restos de durmientes, metales oxidados, que para ella eran muy importantes como parte de la historia de esta zona y que en algún momento podrían servir para una nueva obra.

“Pasó el tiempo y postulé a un simposio internacional de mosaico contemporáneo que se realiza todos los años en Esquel, Argentina, y fui seleccionada. Yo estaba feliz, además era la única chilena, y el tema de este simposio era “Caleidoscopio, perderse entre los colores”, y comencé a revisar mis fotografías, en las cuales fui tomando registros de estos ramales, las estaciones, los puentes, las personas, etc. y también a revisar estos objetos que fui recogiendo en el camino de cada ramal… y ahí comencé  a crear un “imaginario” de este monstruo de hierro humeante con su silbido chirriante y ese humo sucio cubierto de hollín y lleno de recuerdos…”, explica emocionada Gabriela Vivar.

Mosaico escultórico

Así se fueron transformando los ramales ferroviarios en un mosaico escultórico lleno de energía de cada objeto tomado de esas intensas y largas caminatas, donde la vegetación se fue apoderando de estos maravillosos y fuertes puentes de acero, así como también de las estaciones donde las plantas brotan desde sus ventanas y los pájaros alivian con sus cantos esa soledad que algún día estuvo llena de personas que giraban en torno al tren, donde el folclore llenaba de colores cada estación.

“Disfruté mucho estas salidas a los ramales de Púa a Lonquimay, proyecto a cargo del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural de Temuco, y elaborar esta escultura fue un disfrute creativo total, sentir la energía de cada objeto que estaba analizando, imaginando y volviendo a darles vida en una obra con mucho significado”, señala la artista, “tomé estos objetos y los fui fragmentando en pequeñas piezas de mosaico, dando vida a este ramal y a la naturaleza que lo abraza, donde el agua, las montañas nevadas y las araucarias tocan el cielo, registrando desde lo alto toda la historia contada entre silencios”.

Así nació la obra “Imaginario”, llena de recuerdos y vivencias de lo que fueron estos ramales y las gran locomotora que era el corazón de estos lugares. “Monstruo de hierro humeante, el silbido chirriante, el humo sucio cubierto de hollín que eructa de un fuerte infierno de resoplidos”, puntualiza Gabriela Vivar.

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